9 Diciembre 2011

Prólogo
Miguel Ángel Manrique
“En esta oportunidad participaron más de cuarenta talleres de todo el país, vinculados a la Red de Escritura Creativa –Relata, programa promovido por el Ministerio de Cultura. Los autores asistieron a los talleres literarios en Ciudades como Arauca y Riohacha, pasando por Armenia, Bogotá, Buenaventura, Cali, Envigado, Florencia, Popayán y Villavicencio, entre otras, que representan la diversidad literaria del país.
Los textos publicados muestran calidad literaria, así como originalidad en el tratamiento de los temas. En la colección, se advierte también el empleo del humor negro y la ironía, como recursos propios del lenguaje literario para interpretar la realidad. También hay cuentos sobrenaturales, como “La metamorfosis de Medusa” que narra la noche de pasión de un hombre, que termina en horror; otros son relatos paranoicos, como “Regreso a Rumichaca”, que cuenta la obsesiva huida de una mujer y su hija, quienes se embarcan en un viaje sin sentido… Algunos son trabajos de artesanía en los que las emociones son los materiales con los que los autores juegan a crear efectos poéticos. Otros son absurdos y melodramáticos.
Los textos de la Antología Relata 2011 pertenecen a autores que, como dice Julio Ramón Ribeyro, están nutridos de lecturas y, sobre todo, de la "propia experiencia". Reflejan, de uno u otro modo, el mundo que les ha tocado vivir. Está conformada por treinta y cuatro cuentos, siete poemas y cuatro breves piezas de teatro”.
Ministerio de Cultura
Plan Nacional de Lectura y Escritura
Red Nacional de Talleres de Escritura Creativa-Relata
Editorial Tragaluz
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4 Diciembre 2011

Mujer que miras con esos ojos grandes como soles negros,
que irradian de alegría, luz y vida
el ancho espacio de este largo tiempo.
Pueblan la turbia geografía de tu cuerpo,
un sinnúmero de islas negras
donde reposo luego de naufragar exhausto
en el embravecido océano de tu piel color de tierra.
Necesito un beso de tu boca, de esa cueva líquida y profunda
desde donde lanzas el ataque de tu lengua serpenteante
hacia los abismos prohibidos de mi cuerpo.
Mi mano diestra que aquí escribe,
extraña tu siniestro pecho,
aquel con el que me alimentas del néctar del pecado
y me envías directo al delicioso infierno.
Ahora que hace frío es cuando mi piel recuerda
ese calor líquido que se escurre como ácido
saliendo a raudales desde las profundidades de tu sexo.
Es ahora cuando quiero escuchar tus gemidos sólidos
que son la música que claman mis oídos sordos.
Sordos de tu presencia mujer,
Mujer de bronce, amante, esposa.
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3 Diciembre 2011

¿Qué es lo que oculta tu sonrisa?
Tus labios de fresa insinúan un beso que se ha congelado en el tiempo.
Es tu foto. En ella has lanzado una flecha al vacío, al azar, no sabiendo contra quien disparabas, pero buscando algún blanco en el cual se clavara suavemente el dulce aguijón que llevas en las entrañas.
¿Qué se esconde detrás de esa mirada cómplice?
Tus hombros desnudos, guerreros y altivos, han terminado por abatir mis resistencias. Y ese vestido azul que te envuelve suavemente, es como el cielo a pleno sol que arropa al mundo en su regazo y te hace lucir como las fieles sacerdotisas en el palacio de Palas Atenea.
Lo que ocultas es el fuego de lo prohibido, ese que les has arrebatado a los dioses y que ya llevabas dentro antes de que supieras de su existencia. No quieren perdonarte tanto atrevimiento. Yo por el contrario te absuelvo de todos tus pecados, si prometes expiarlos con un beso.
servido por Jhon Fredy
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30 Octubre 2011

Fernando Savater
Suelo ser excesivo. Confieso que he nacido para lo demasiado. No en todo, claro está, sólo en ciertos vicios y para ciertas aficiones. De las virtudes no hablaré, pero en alguna también me paso un poco, aunque Aristóteles me regañaría por creer que, si me paso, puedo seguir llamándola "virtud". Leo demasiado, escribo demasiado, viajo demasiado, me encolerizo demasiado, quiero hacer el amor con demasiadas personas y cosas, me enamoro demasiado de quien no me quiere, hablo demasiado, tengo demasiadas opiniones y no me las callo, gesticulo demasiado, grito demasiado, pretendo saber de demasiadas cosas, me río demasiado, lloro demasiado, cultivo y provoco demasiadas animadversiones. Me deprimo más de lo debido y me divierto como un niño bobo, sin medida. Soy un pasota, pero no porque pase de todo -como se dice en España para indicar indiferencia-, sino porque me paso en todo.
Como es lógico, siento simpatía por la mayoría de los disparates y sobre todo por los extremos. En cuanto algo se estima tanto que comienza a delirar -una manía, una opinión, un defecto, una afición, un tic-, me resulta morbosamente interesante. Padezco vergonzante complicidad con los poseídos y los fanáticos, con los arrebatados y los convulsionarios. Cuanto más exagerado es alguien, más irrefutable me parece. No me enorgullezco de esta debilidad -en sí misma excesiva también- pero tampoco quisiera curarme del todo de ella. Ya que no podemos ser infinitos, al menos seamos extremistas, que es como la versión "pueril" del infinito.
Me dicen que todo está bien, pero con mesura. Yo sospecho íntimamente que todo está mal, salvo cuando es desmesurado. Nada resulta a la larga tan triste como la verosimilitud. Lean a cualquier filósofo anglosajón y comprenderán lo que quiero decir. ¡Menos mal que Swift y Poe, Melville y Aleister Crowley fueron también anglosajones! El oráculo recomendaba: "De nada demasiado". Es evidente que de todo no puede tenerse demasiado, pues en tal caso seríamos dioses. Pero busquemos al menos lo demasiado en algo. Porque el consejo del oráculo también puede leerse de otro modo: tenemos, queramos o no, demasiada nada por delante…
Lo divertido de la libertad, no nos engañemos, es el libertinaje. Lo mejor del erotismo es, por supuesto, la pornografía. Y en el terreno de la bebida, el ideal no es tomarse un par de copas para animarse un poco, sino emborracharse como un cosaco en Nochevieja. Me parecen repulsivamente hipócritas los usos "medicinales" del alcohol: "Tómese una copita para entonarse". ¡Para eso, tanto daría propinarse una buena friega de ginebra o vodka! El único que entendió bien las virtudes médicas del alcohol fue aquel pariente de Mark Twain: "Mi tío tomaba de vez en cuando una copa para estabilizarse. A veces se estabilizaba tanto que no podía moverse".
Considerar la embriaguez como algo pecaminosamente malo en sí mismo es cosa propia de comunidades frígidas y civilizaciones sin gracia. Otros pueblos, sin embargo, ni siquiera han sospechado que los excesos de la bebida pudiesen despertar virtuosos escándalos. Stevenson, por ejemplo, comenta que nunca le oyó proferir a su abuela escocesa nada más duro contra el alcohol que esta sabia prevención: "¡Cuidado con la bebida, hijos míos, porque puede llevar al vicio!". Por supuesto que en todo caso la embriaguez, aun aceptada como algo perfectamente natural y lícito, suele resultar ocasionalmente torpe, inconveniente, sucia, fastidiosa, poco oportuna, ridícula, monótona, etc. ¿Pero no ocurre lo mismo con el amor? ¿O con la sabiduría? ¿O incluso con la justicia? ¿Y no es también cierto que amor, sabiduría o justicia pueden degenerar en vicio, con repercusiones quizás aun más indeseables que las de la bebida?
No soy partidario de buscar coartadas a los excesos y reducirlos así a meros instrumentos, pero en defensa del alcohol es patente que sobran los testimonios favorables. En una entrevista, Marguerite Duras hacía un bello y conmovedor panegírico a la embriaguez etílica: "Nada como el alcohol -dijo-. El alcohol es perfecto, aunque es la muerte". Señalo que su testimonio es conmovedor porque ella tuvo que renunciar a la bebida por razones clínicas: pero, en lugar de aprovechar este forzoso ascetismo para iniciar una rencorosa cruzada contra su antiguo amante, lo recuerda con nostalgia y lo defiende. Por supuesto, decir de algo que es la muerte no es avanzar un argumento definitivo en contra. También la vida es la muerte, y aquí estamos.
Bebamos, pues. Como decía un amigo: "Total, para cuatro días que va a beber uno". ¡Ah, mañanas de chinchón seco, mediodías de Campari, aperitivos de manzanilla y oloroso, comidas regadas con buen vino, grappa enérgica de los postres, tarde de mezcal, vodkas estimulantes, bourbon en donde suena la sirena de un coche de la patrulla nocturna y ron en el que se ahogan piratas fantasmales! El día de mi cicuta, no ofreceré un gallo a Esculapio. Por si no están ustedes mañana allí, les prevengo de mis últimas palabras: "Hijos míos, borgoña en las comidas y whisky escocés a cualquier hora". Y luego, dándome la vuelta para agonizar dignamente cara a la pared:
"Nada grande se ha hecho sin pasión".
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servido por Jhon Fredy
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9 Octubre 2011

Cuando se supo que un control anti-doping aplicado al futbolista colombiano Wilder Medina del Deportes Tolima, había dado positivo, muchos se rasgaron las vestiduras y lanzaron jaculatorias urgiendo para que se aplicara una sanción ejemplar al jugador, comenzando por la honorable dirigencia del fútbol colombiano. Todos se sentían defraudados porque un futbolista que debería ser un ejemplo de rectitud moral frente a la juventud, había “traicionado” ese sagrado deber de ser parte de “los buenos” en su lucha contra los malos. Por fortuna, una vez aplicada la sanción, el buen nombre del fútbol quedaba limpio, porque se había hecho “justicia”. Si bien es cierto que la marihuana no ayuda al rendimiento deportivo del jugador, sí está sancionada por la Agencia Mundial Antidopaje, no deja de sorprenderme que la jerarquía del fútbol en este país se escandalice porque un futbolista consuma marihuana, pero se ha hecho más bien la de la vista gorda cuando han entrado millones de dólares a los clubes deportivos de manos de los carteles de las drogas u otro tipo de actividades ilícitas. Está mal que los futbolistas se la fumen, pero está bien que los capos inviertan en el fútbol y que su dinero, si Dios lo permite, ayude a comprar títulos. Tanto puritanismo siempre me ha parecido muy sospechoso, sobre todo cuando se pretende buscar un chivo expiatorio para lavar un pecado mayor: el de la doble moral.
Es una vergüenza para el deporte, dijeron en coro los defensores de las buenas costumbres, que también los hay en los altos cargos de la rectora del fútbol colombiano. Les confieso que yo también siento vergüenza por el deporte, sólo que en circunstancias diferentes. Por ejemplo, me da mucha vergüenza cuando sale un deportista desconocido por todos –Incluso por COLDEPORTES- que ha ganado una importante vuelta en bicicleta en Francia, Italia o España, o cuando uno de los nuestros ha conquistado una medalla olímpica –casi siempre afrocolombiano- y en el momento en que les preguntan que cuál es su mayor sueño ahora y ellos responden: “PODER COMPRAR UNA CASA PARA MIS PADRES”. Es el colmo ¿Han llegado hasta allá y no han ganado lo suficiente para comprar una casa? En esos momentos yo bajo la cabeza y siento mucha pena por ellos. Tuvieron que llevar su carrera deportiva con sus propios esfuerzos, contra viento y marea, trabajando en lo que salga para llevar el pan a la casa y en sus “tiempos libres” y sin ninguna clase de apoyo de parte del Estado ni de la empresa privada, dedicándose de cuerpo y alma a su deporte, pero cuando ganan algo importante, el presidente del país, el director de COLDEPORTES y los demás, sacan el pecho de orgullo porque “nuestros deportistas han ondeado nuestra bandera en lo más alto del podio”. Estamos de acuerdo, es una vergüenza para el deporte.
Muchos jóvenes deportistas colombianos, incluidos algunos futbolistas, tuvieron que afrontar las condiciones más duras de pobreza, en los barrios marginales, en medio de situaciones de pandillas, violencia y drogadicción. Según se ha dicho, este es el caso de Wilder Medina, quien antes de ser futbolista profesional, estuvo vinculado al mundo de las pandillas y de las drogas en Medellín. Sin embargo, pudo más la pasión por el fútbol y poco a poco fue saliendo de este círculo vicioso hasta convertirse en el goleador del fútbol colombiano. Cualquier trabajador o trabajadora social podría explicarles a los jerarcas del deporte que el proceso para salir de la drogadicción es muy difícil y prolongado, que no se logra de la noche a la mañana. En este caso, no sólo no se está teniendo en cuenta el enorme esfuerzo que ha hecho el jugador por dejar atrás su pasado, sino que fue el fútbol el factor clave para facilitar el proceso, y en compensación a sus logros y a su persistencia, ahora se le sanciona con un año de suspensión fuera de las canchas. Golpe duro y bajo para el jugador que lo hace más vulnerable para volver a caer.
Algunos opinan que Wilder Medina debe ser sancionado con todo rigor porque al ser una figura pública del deporte, es un mal ejemplo para la juventud de nuestro país. Bueno, el ex jugador del Junior de Barranquilla Javier Flores, mató a un hincha porque le reclamó haber perdido un importante partido y no sólo no pagó cárcel sino que lo dejaron seguir jugando fútbol. Hace poco el señor Hernán Darío Gómez, ex técnico de la selección Colombia, golpeó a una mujer en un bar ¿Estos casos no son peores ejemplos para los jóvenes? Mi opinión es contraria; pienso que Wilder Medina es un buen ejemplo de superación para aquellos jóvenes que hoy están metidos en pandillas y en el mundo de las drogas, para que vean que es posible salir, que hay otras alternativas. El problema es que la sanción del jugador da el mensaje contrario, que tal vez no importa que tanto se esfuercen estos muchachos por salir, nunca les van a perdonar su pasado.
Ojalá que mis palabras y pensamientos heréticos no vayan a ofender a la santa jerarquía del fútbol colombiano.
JHON FREDY SUÁREZ SOLANO
Octubre 9 de 2011
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15 Septiembre 2011

Debían ser las doce y media de la madrugada cuando desperté. Normalmente si despierto luego de una pesadilla o producto de la famosa caída que me deja siempre sentado en la cama con un vacío en el estómago, me doy cuenta que fue sólo un sueño y al rato estoy de nuevo dormido. Pero esta vez se ha ido del todo y no logro saber cuál es el motivo. Siempre me revuelco un poco antes de quedarme dormido de nuevo, pero esta vez estoy más impaciente que de costumbre. Debió haberme caído mal la comida.
Es de noche porque está oscuro, pero ya es un nuevo día, o mejor, la esperanza de un nuevo amanecer. Nunca he entendido por qué debo decir buenos días a las doce y media de la madrugada si el sol sale hasta las seis de la mañana. Pero ese no es el problema, el asunto es que no puedo dormir. No sé si es el tic tac del reloj el que me ha despertado, pero ahora sé que es él el que no me deja descansar. Me quedo quieto en la cama e intento poner mi mente en blanco para no ahuyentar al fantasma de los sueños.
Es en vano, todavía lo escucho claramente taladrándome la cabeza. Necesito dormir, debo madrugar, esta es mi mayor preocupación. Pero antes tengo que dejar de escuchar: tic tac tic tac. Decepcionado por mi falta de tolerancia para con el pobre aparato, me levanto de la cama con desgano, enciendo la luz y me dirijo al ruidoso enemigo. Debo hacerlo callar. Le doy vuelta y le cambio la batería de posición, luego lo vuelvo a poner en su sitio y apago la luz. Ya no me molestará más, ahora puedo volver a dormir.
Es inútil, sigo despierto. Ahora deben ser las dos de la mañana, lo presiento porque hace mucho tiempo no escucho su tic tac tic tac. ¿Por qué no me he quedado dormido? Seguramente no era eso lo que me impedía estar tranquilo, su constante martilleo sólo afectaba una parte de mi cuerpo, los oídos; pero el sonido del silencio, de ese profundo silencio que es la soledad de dormir solo en una cama tan vacía como ésta, me ataca la piel, los oídos, el alma. No debo estar deprimido, no es tan malo estar solo.
Acabo de escuchar un ruido en la cocina, algo fuerte y cristalino como el que producen las ollas al caer. Tal vez puede ser una simple rata buscando la comida que dejé ayer. Pero fue muy fuerte para ser ocasionado por una rata pequeña, debe ser una rata grande. Alguna vez escuché que una rata gigante había devorado a un niño, supongo que la culpa no es de la rata sino del descuido de sus padres, pero en fin, ese no es el asunto. Es posible que el silencio de la noche agudice los sentidos y un pequeño ruido se magnifique. Tendré que volver a levantarme para estar seguro que no es nada y entonces habré perdido la oportunidad de conciliar el sueño. Resignación.
Me levanto con desgano de la cama, salgo de la habitación y doy vuelta a la derecha por el pasillo que da a las escaleras. Aunque está muy oscuro, no necesito encender la luz, conozco de memoria cada rincón de esta casa. Además, si la enciendo se me habrán espantado por completo las ganas de dormir. Desciendo por las escaleras y antes de llegar al primer piso noto que la luz de la cocina está encendida. Me detengo un poco extrañado. Estaba seguro que había dejado todas las luces apagadas. En fin, tal vez estoy un poco distraído y un descuido lo comete cualquiera. En todo caso, no sé por qué, pero empiezo a presentir que algo anda mal.
Al pasar por el umbral de la cocina, doy una mirada rápida al lugar. En efecto es un chiquero, platos sucios por todas partes con restos de comida aquí y allá. Mañana arreglaré este desorden, ya habrá tiempo para eso. Qué raro, entre más vacía está la casa, más ruido produce. De un tiempo a esta parte vengo escuchando, ¡que digo escuchando!, sintiendo algo extraño, en especial por las noches, es como si de pronto cobraran vida los objetos. Más que vida, es una cierta presencia, una fuerza soterrada que se puede sentir, pero no se ve. Me ha pasado que estando solo en casa, no puedo encontrar las cosas que acabo de tomar en la mano, es como si desaparecieran con sólo tocarlas. El Rey Midas las convertía en oro, parece que yo las convierto en vacio, en aire, en nada. En fin, estoy muy grande para empezar a creer en fantasmas.
Respiro un poco más tranquilo y vuelvo a... ¡Un momento! Acabo de oír ruidos en el segundo piso. Estoy seguro que escuché unos pasos. No pueden ser ratas, son pasos humanos, ahora estoy seguro. Me dispongo a salir de la cocina pero antes, doy media vuelta, revuelco un poco entre los trastes sucios y tomo el cuchillo. Está sucio, pero no hay tiempo para limpiarlo, además no quiero hacer ruido. Salgo lentamente, apago la luz y me quedo un rato quieto. Los pasos van y vienen con cierta familiaridad. Qué extraño, tal vez sea un ladrón, pero si yo fuera él haría menos ruido, debe pensar que la casa está completamente vacía. Es un tonto, ahora yo tengo la ventaja, estoy armado y cuento con el factor sorpresa.
Con mucho sigilo, midiendo paso por paso, llego hasta las escaleras y comienzo a ascender escalón por escalón. No puedo alertarlo, si causo el menor ruido todo estará perdido. Quizá no esté solo y es probable que esté armado, hay que ser cauteloso. Al fin he llegado al segundo piso, tomo aire y comienzo a recorrer lentamente el pasillo. En efecto, algo anda mal, la luz del estudio está encendida también. Ahora pienso que esto es una completa estupidez, estoy jugando a ser el héroe cuando lo más sensato habría sido llamar a la policía o salir huyendo de la casa para salvar mi vida. Pero ya es tarde, aquí estoy, esperemos que todo salga de la mejor manera.
Cada vez estoy más cerca del estudio, casi puedo escuchar los latidos de mi corazón. De un salto, entro blandiendo mi arma por el aire como un espadachín principiante. Nada, está vacío. Ahora soy yo el que ha caído en la trampa. Este hombre es astuto y está jugando conmigo, será mejor... ¡Cuidado!, se mueve a mis espaldas, va por el pasillo. El horror invade mi cuerpo y lo paraliza unos segundos hasta que al fin logro reaccionar. Pudo haberme atacado pero no lo hizo, quizá sólo quiere robar y salir, tal vez se sabe descubierto y ahora quiere escapar. No se lo haré fácil. Apago la luz del estudio, caminando cautelosamente por el pasillo hasta llegar a las escaleras y ahí me detengo. Ya no escucho sus pasos pero estoy seguro que no ha salido de la casa. Bajo lentamente dispuesto a dar mi estocada a cualquiera que se me ponga por delante. Debiste atacarme cuando tenías la ventaja maldito idiota. ¡Un momento!, la luz de la cocina está encendida. ¿Será otra de sus trampas? Es mejor que esté alerta, no creo que me dé una nueva oportunidad. Mis nervios están al límite pero ya no puedo parar, no puedo comportarme como un cobarde... ¡Puf! Acabo de enredarme con la mesa de la sala ocasionando un ruido que seguro lo alertó. Soy un tonto, ahora estoy a su completa merced. Pero no puedo retroceder, debo avanzar, ya casi estoy en el umbral. Es ahora, ¡es ahora!
De un salto estoy en la cocina. No lo puedo creer, allí esta y me da la espalda como si no sintiera mi presencia. Las fuerzas me han abandonado y no creo tener el valor para enfrentármele en igualdad de condiciones. Aun así, no lo atacaré a traición, él no lo hizo conmigo cuando le di la oportunidad. Pero es un delincuente, ha entrado como una rata a mi casa, no le puedo permitir que se salga con la suya - ¿Qué hace aquí?- le grito. El sujeto parece no inmutarse. Pero ¿Qué está haciendo? Esto es absurdo, ¡está lavando los platos! No entiendo qué está pasando. Se da media vuelta y me mira a los ojos. La impresión que me causa es tan fuerte que el cuchillo se me suelta de las manos y el ruido que causa al caer, se confunde con la alarma del despertador. Ya es tarde.
JHON FREDY SUÁREZ SOLANO
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20 Agosto 2011

Inglaterra tiene una venerable historia de revueltas y revoluciones, es la cuna de la Revolución Industrial y la sede de la Primera Internacional Comunista de Marx y Engels; en las últimas décadas este país ha sido uno de los abanderados del modelo neoliberal de la señora Thatcher y hace poco fue uno de los epicentros de las revueltas que últimamente sacuden al mundo “civilizado”. Protestas ha habido siempre, pero ¿Qué tienen en común las oleadas de movimientos sociales que desde hace un año vienen sucediendo, desde los países árabes y pasando por los indignados de España, Grecia y ahora Inglaterra? ¿Qué es lo distinto en estos últimos levantamientos populares que no se había visto antes? Desde luego que muchas cosas, pero al menos una llama la atención: La utilización del internet y las redes sociales como armas de lucha contra el sistema.
Cuando la internet se masificó y se hizo tan popular en la última década, surgieron desde todas las esquinas del espectro los augurios más oscuros que apuntaban a que este nuevo invento sería el verdadero opio del pueblo, que adormecería las conciencias humanas, especialmente las de las nuevas generaciones más dadas al esnobismo que a la crítica. Hoy nos estamos dando cuenta que también puede ser un instrumento que les permite a los sectores sociales que han sido marginados de las “mieles de la globalización”, transformar su frustración personal, en una nueva trinchera desde donde sumarse a la lucha.
Como los líderes del capitalismo mundial no pueden auto culparse por estas protestas ni van a sentirse responsables por el descontento social, ahora se van lanza en ristre contra el “mal uso” – dicen ellos - de uno de sus mágicos inventos, la internet y las nuevas tecnologías; hasta el punto que algunos líderes de las grandes potencias mundiales, hacen llamados a limitar el uso de las redes sociales, especialmente cuando estas se convierten en un medio de organización social de la protesta en su contra. En Inglaterra, luego de las fuertes protestas que sacudieron algunas de las principales ciudades del país, la policía y el gobierno estudian la posibilidad de limitar el uso de las redes sociales en los momentos en que se presuma que un nuevo disturbio está por ocurrir. Desde luego esta posición ha encontrado resistencia entre los defensores de las libertades civiles, que la consideran un acto claro de censura, una evidente violación a la libertad de expresión y que a la larga restringe también la libertad de prensa, pues limita la información disponible en esos momentos.

Desde que este fenómeno empezó a tomar fuerza, los gobernantes del mundo entero están buscando la manera de controlar el uso de redes sociales como Twitter, Messenger y Facebook entre otras, pues argumentan que así podrán prevenir nuevos disturbios. Algunos han llegado más lejos y se han atrevido a tildar como “terroristas virtuales” a los grupos de resistencia tipo Anonimus, que han saboteado las páginas de las instituciones de algunos centros de poder, como una manera de protestar contra los verdaderos arquitectos del desastre.
Desde luego que no es posible hacer una defensa a ultranza de este tipo de disturbios, pues en la mayoría de los casos, los manifestantes lo que están haciendo es descargar su ira contra todo lo que se pone a su paso, sin importar qué relación guarde con los verdaderos culpables, los centros del poder económico y político mundial. Muchas de las víctimas son inocentes que simplemente murieron por encontrarse en el lugar equivocado. Esto no se justifica, pero se explica en parte porque a diferencia de las revoluciones que se dieron a lo largo del siglo XX, fueran de carácter nacionalista, socialista o comunista, entre otras, en las cuáles estaba clara la dirección política de un partido o un grupo sólido de líderes que dirigían a las masas revolucionarias, los disturbios de hoy son una fuerza heterogénea, multiforme y espontánea, no tienen un claro carácter político ni una dirección más o menos visible, pero es evidente que surge en medio de un contexto social, político y cultural que se caracteriza por la incertidumbre y el inconformismo, especialmente ahora que se ve en el horizonte la punta del iceberg de una nueva crisis económica monumental del sistema capitalista mundial. No se parece a la fuerza de un río que puede ser canalizada hacia un destino previsible, sino más bien a la lava que brota de un volcán en erupción y arrasa lo que encuentra por el camino.
Pocos llegaron a imaginar que internet no sólo era la “Mátrix” que nos tenía atrapados en un mundo virtual de ficciones y fantasmas, sino que también podría llegar a convertirse en un instrumento de resistencia en la época de la revolución de las tecnologías. Hoy, en este mundo tan globalizado cada vez es más fácil conectar las luchas sociales de los pueblos en el mundo entero, de manera que cada revuelta puede convertirse en la mecha que encienda el polvorín de la aldea global y tiene el potencial de extenderse como un virus informático que no respeta fronteras.
Paradójicamente, cuando las redes sociales son utilizadas por los jóvenes para ser absorbidos por la banalidad hasta el punto de que algunos han generado una fuerte adicción que los inhabilita para tener una vida social positiva, el sistema no se preocupa por ellos, es más, depende de que se mantengan ahí dormidos en el mundo virtual, siempre que sean marionetas dóciles del mercado y del consumismo; pero cuando la gente utiliza estos medios no sólo para manifestar su ira e indignación sino para organizar la resistencia, entonces descubren de pronto que estas redes son “negativas”, “peligrosas” y que es mejor limitar su uso. Creo que ahora que los grandes jefes del mundo están asustados por la utilización “incorrecta” de estas redes sociales, es cuando por fin hemos descubierto su verdadero uso. Gracias una vez más, Gran Hermano, por mostrarnos el camino a seguir.
JHON FREDY SUÁREZ SOLANO
Docente de Filosofía y Ciencias Sociales
Escuela Normal Superior de Charalá
MEJÍA Llano Juan Carlos. Influencia de las redes sociales en los disturbios en Inglaterra. Agosto 16 de 2011.
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12 Julio 2011

Los medios de comunicación informan que ha sido repatriado a la República Argentina (el término es de los medios, no mío), el cuerpo del maestro Facundo Cabral, asesinado el pasado sábado 9 de Julio en ciudad de Guatemala. No puedo culpar a los periodistas por utilizar mal esta palabra, al fin y al cabo la mayor parte de los sucesos sobre los que tienen que informar, no los conocen a profundidad, como en este caso. ¿Cómo se puede repatriar a uno hombre que no tenía patria? Facundo Cabral era un ciudadano del mundo, su casa era el lugar donde pasaba la noche, era consciente de que no tenía más propiedad que el instante en que vivía y sus paisanos estaban regados por el mundo, en los cuatro puntos cardinales. Era un cosmopolita en el sentido más amplio de la palabra, como él mismo lo cantaba en su canción más emblemática “no soy de aquí ni soy de allá”, por eso Facundo no puede ser repatriado, sólo que su cuerpo vuelve a la tierra que lo vio nacer.
Pero el problema más difícil es definir cuál era su oficio: cantante, poeta, pensador, embajador de paz, vagabundo distinguido, entre otras; él diría que simplemente era un hombre feliz que hizo siempre lo que quiso hacer, porque vivió la vida como si estuviera metido en una obra de arte que va desde la cuna hasta la tumba. La vida y el arte eran para él la misma cosa, por eso logró inspirar con su ejemplo a millones de personas en el mundo, que veían en él a la conciencia de un mundo sin conciencia, a la alegría de un mundo sumido en la tristeza, a la sencillez en medio de un mundo que premia la opulencia y eleva a ley fundamental las desigualdades sociales, en definitiva, a la voz de los que no tienen voz.
Una de las tantas razones por las que algunos decidimos volvernos ateos, es porque las religiones han sido históricamente una de las fuentes de mayor división entre los hombres, pero Facundo era el contra ejemplo, porque en él convivían pacífica y armónicamente, la mejor parte del cristianismo, del budismo, de los cultos indígenas a la madre tierra, y cuanta creencia mística él conoció y compartió, combinada con una fuerte dosis de herejía, erotismo e inmejorable sentido del humor y del amor. Si Jesús, Buda o Krishna eran tan buenos como lo afirman sus seguidores, seguro tenían que parecerse mucho a Facundo Cabral, que era el más hereje de los profetas.
Siento consternación por la muerte violenta del maestro Facundo Cabral, pero no puedo sentir tristeza porque fue uno de los pocos hombres que ha vivido de verdad, con absoluta libertad, por eso él sigue vivo, como sabiamente lo decía en una ocasión "Hay que desconfiar de los genios porque a veces se hacen los muertos... ¿Quién puede asegurar que murió Beethoven?..." Pues bien ¿Quién puede asegurar que Facundo está muerto?
JHON FREDY SUÁREZ SOLANO
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