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FILOSOFÍA PARA EL OCIO

En este espacio nos encontraremos en los ratos de ocio para compartir ideas sobre diversos temas: desde lo real y lo ficticio, pasando por la vida y la muerte, el amor y el desamor, la belleza y la fealdad, el fútbol y la literatura, en otras palabras, p

2 Agosto 2009

CRIMEN Y CASTIGO- Fedor Dostoyevski

 El protagonista de esta historia es Rodión Románovich Raskólnikov, un joven tímido, ensimismado, aislado, solitario, desempleado, pobre e indiferente, que un buen día decide asesinar a una vieja usurera a la cual le ha dejado en empeño un anillo de oro y un reloj de plata, los últimos recuerdos de su familia que vive lejos. Este hombre es una persona singular, sentía repugnancia por la gente, todo a su alrededor le producía asco. Vivía solo en una habitación pobrísima de donde casi lo sacaban a la calle pues llevaba varios meses sin pagar el alquiler, ya no tenía dinero para comer, tenía una única muda de ropa que lo hacía lucir como pordiosero. No se sabe si es la soledad absoluta la que lo enferma mentalmente, o si es su enfermedad mental la que lo lleva a estar solo. Las condiciones en las que vive, la pobreza absoluta, y en especial el hecho de que no pudo terminar sus estudios universitarios por falta de dinero, no consigue trabajo y debe depender de lo que le mandan su madre y su hermana, todo esto agrava su estado mental, hasta el punto que debe desprenderse de sus principales objetos de valor para poder sobrevivir.

 El rasgo más marcado de su personalidad es su aversión al trato con las personas.  Se podría decir que odia a todo el mundo, le fastidia tener que interactuar con cualquier ser humano. Sufría de delirios de persecución, soñaba que lo seguían para matarlo. Era hipocondríaco, sufría una fuerte alteración de los nervios que hacía que por momentos no distinguiera la realidad de la ficción. La incertidumbre de pensar que las demás personas pudieran sospechar que él era el asesino, le alteraba los nervios, pero ¿de qué tenía miedo?, ¿a caso se sentía culpable? Raskólnikov ha dejado claro que no se arrepiente de su crimen, es más, ni siquiera le considera como tal. A pesar de que aparentemente es un crimen perfecto, ya que no hay pruebas ni testigos que lo acusen, él se auto delata en todo momento, se comporta muy sospechoso. Mata a la usurera, a la que considera un piojo y no una persona, no obstante, él mismo se siente culpable de su situación de depender de su hermana y su madre, las que tienen que trabajar para mandarle algo de dinero mientras a él se le pasan los días encerrado en su cuarto sin hacer nada.

 Pero más que la historia de un asesinato, esta novela va desenvolviendo a lo largo de la trama, una disertación filosófica muy interesante, que parte de la siguiente pregunta: ¿Existe o no el crimen? Se puede analizar desde tres perspectivas diferentes este cuestionamiento. Algunos opinan que el crimen es una respuesta contra la anormalidad del orden social (el medio corrompe), si la sociedad se estructurara normalmente, desaparecería el crimen pues no habría contra quien o contra que protestar y todos los hombres se volverían honestos. Pero, ¿a caso todos los delincuentes son pobres? ¿Cómo se explica que algunos individuos, aparentemente de buena cuna y que han tenido buenas oportunidades de surgir en la vida se vuelvan delincuentes? Esta postura afirma que el crimen es parte de la naturaleza humana, algunos hombres tienen tendencia a la criminalidad y es parte de su esencia. Pero aun queda otro punto de vista diferente y es el siguiente: "Existen ciertas personas para las cuales no se ha escrito la ley... y tienen pleno derecho a cometer toda clase de crímenes y excesos". Esta es la postura de nuestro protagonista, para quien hay dos tipos de personas, las ordinarias y las extraordinarias. Las ordinarias son personas dóciles, obedientes y cumplen la ley; las extraordinarias tienen derecho (no derecho oficial) a decidir según su conciencia, si debe salvar... ciertos obstáculos, únicamente en el caso exclusivo de que la ejecución de su idea (a veces puede resultar salvadora para la humanidad) lo exija. (Nota tomada de crimen y castigo). No quiere decir que todo aquel que se crea extraordinario tiene derecho a violar la ley, después de todo son muy pocos los seres humanos que pueden considerarse extraordinarios, pues la gran mayoría de las personas son ordinarias, así que no hay un peligro real de que trastornen la sociedad con sus acciones.

 Esta sociedad, afirma Raskólnikov, trata como criminales a todos aquellos que transgreden la ley vigente, no obstante, ¿los legisladores que cambian una ley para dar paso a una nueva serían también criminales por violar la ley antigua? Bueno, se podría decir que a diferencia de un delincuente, un legislador tiene la legitimidad para hacerlo. Pero, ¿qué es la legitimidad? Tener la fuerza para hacerlo, o sea el poder. Un criminal es el que ejerce la violencia sin tener el derecho, o mejor, el poder. En conclusión todo hombre extraordinario o que aporte algo nuevo a la humanidad, es un criminal porque tiene que violar la ley para cumplir con sus metas.

 Nuestro protagonista nos plantea además otra cuestión: El que mata con un propósito o por defender un ideal ¿es menos criminal que el que mata por el solo placer de matar? Raskólnikov nos lanza un reto que no es fácil de resolver, él sabe que ha cometido un crimen, pero, ¿a caso esta sociedad está en posición de juzgarlo? ¿Cómo es posible que un Estado, que ha causado miles y millones de muertes en sus innumerables guerras, tenga la autoridad moral para juzgar a un individuo que ha matado a una persona?  < ¿En qué soy culpable ante los demás?>  Dice: <Algunos acaban con millones de personas y se les considera virtuosos>. El individuo que mata a una vieja es un criminal, pero el general que da la orden de masacrar a toda una población recibe una condecoración. Desde luego, los gobernantes pueden aducir que tenían objetivos más nobles y que no querían matar a esas personas, pero en razón a sus objetivos, no sólo se les perdona sino que hasta se les alaba, mientras que al hombre común que comete pequeños crímenes, se le envía a prisión o en algunos países, a la muerte, y son precisamente esos gobernantes los que sirven de jueces ante crímenes menores. Como lo dice acertadamente nuestro personaje: < ¿Porqué es más respetable lanzar bombas a la gente de una ciudad sometida a un asedio en regla?> < ¿Cuántos hombres honorables han hecho cosas peores y ahora los alaban? Pero llegaron hasta donde se proponían llegar, por eso tienen razón>.

 Raskólnikov cree que matar a algún individuo pernicioso no es un crimen en sí, pues es mejor hacer una obra mala para poder hacer cien buenas. Este hombre no es un típico criminal que mata por placer, y aunque él mismo asegure que mató porque necesitaba el dinero, nunca lo tocó, es más, hasta se podría decir que descontando el asesinato, en general era un hombre bueno que había hecho cien obras buenas y una sola mala (matar) que ni siquiera lo era tanto, desde su punto de vista. Así que se nos plantea otro dilema moral: Si uno toda la vida ha sido bueno y ha hecho cosas buenas y de pronto hace algo malo, muy malo, ¿se borra todo lo hecho? ¿Deja de ser bueno? Él no se arrepentía de su crimen. < ¿Porqué he de arrepentirme de haber matado a un ser despreciable?>  Repite constantemente. Sólo se reprochaba el fracaso de haberse tenido que entregar para encontrar tranquilidad.

 Por otra parte, la antítesis de Raskólnikov es su amada Sonia, una jovencita, hija de un ex funcionario borracho, que debe prostituirse para poder ayudar a su madrastra y a sus dos hermanitos menores. Esta mujer, a diferencia de Rodión que odia a la humanidad, ella ama en exceso, hasta el punto que es capaz de dejar de pensar en su propio bienestar y dar su propia vida, con tal de ayudar a otros. Incluso en algún momento de la historia, Raskólnikov le recrimina diciendo que después de todo los dos son iguales, pues ella también ha acabado con una vida: la suya. Sonia es la personificación de la piedad cristiana, no obstante, sin importar el tamaño de su sacrificio, son tales las penurias de su familia que casi parece que no sirven de nada sus esfuerzos. Son tales sus sufrimientos que nuestro protagonista se pregunta: < ¿Por qué ante tanto sufrimiento no se quita la vida? ¿Qué la detiene? > Al parecer la respuesta no puede ser otra que el amor, un amor que resulta tan grande que es capas de compartirlo hasta con el propio Raskólnikov, pese a que él mismo se considera indigno.   

Jhon Fredy Suárez Solano

Enero 17 de 2.009 

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Girón, Colombia
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Soy Jhon Fredy Suárez Solano, profesor de Ciencias Sociales y Filosofía de la Escuela Normal Superior de Charalá. Me gradue como filósofo de la Universidad Industrial de Santander (UIS) en el año 2.006. En Octubre de 2009 publiqué mi primer libro "Para no perder la memoria" con la editorial SIC de Bucaramanga. Desde el año 2008 pertenezco a la Red Nacional de Talleristas de Escritura Creativa (RELATA) del Instituto Municipal de Cultura de la ciudad de Bucaramanga. Mi cuento "La metamorfosis de Medusa" fue publicado en la Antología Relata 2011" con la editorial Tragaluz de Medellín.

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