Todos los ríos son el mismo mar- Fernando Soto Aparicio
Esta novela del escritor colombiano Fernando Soto Aparicio, es una historia de amor contada a tres voces, y en medio de ella se desarrolla una polémica aun sin resolver: la eutanasia. Zhara, Jesús y Alejandro, cada uno desde su propio punto de vista, hablan sobre el amor y la muerte, aunque este último lo hace precisamente desde la otra orilla.
Esta historia de amor profundo pero al mismo tiempo prohibido, nos muestra hasta que punto nuestra sociedad está aun anclada a los viejos preceptos moralistas que ha impuesto por milenios la iglesia católica. Presenta a una pareja de casados, Alejandro y Dolores, que pese a ser legítimamente marido y mujer, pues han cumplido el trámite del matrimonio católico, son un fracaso como pareja. Ella porque es tan fanática que cree que el sexo en sí mismo es pecado aun dentro del matrimonio, siguiendo los postulados de la iglesia católica y que sólo es legítimo como medio para procrear y nunca por placer, y por esta misma razón rehúsa acostarse con su esposo desde hace más de veinte años. Alejandro por su parte, pese a que ya no la ama, no es capaz de terminar una relación que le hace mucho daño y lo ha convertido en un cero a la izquierda, a pesar que es un reconocido cirujano plástico. La sociedad, en cabeza de la iglesia católica siempre se han opuesto a este tipo de relaciones extramaritales entre un hombre casado y su amante, sin tomar en cuenta que el matrimonio sólo es legítimo mientras el amor permanezca en la pareja, así que esta pareja, al igual que muchas otras, sólo se mantiene unida porque "lo que Dios ha unido que no lo puede separar el hombre".
En medio de esta situación aparece Shara, una mujer mucho menor que Alejandro, se enamoran y comienzan un romance pecaminoso desde los ojos de la iglesia, pero mucho más estimulante y enriquecedor que la farsa de un matrimonio invivible. Todo va bien hasta que un día Alejandro le confiesa a Shara que padece esclerosis lateral amiotrófica, una enfermedad que le paraliza los músculos del cuerpo hasta convertirlo en un vegetal. Alejandro ha dejado por escrito un documento en el que manifiesta su voluntad de que le ayuden a morir dignamente, sin embargo su esposa Dolores, auspiciada por monseñor Rubiales, se opone por todos los medios que los doctores del hospital ayuden a su esposo a morir, no porque lo ame, todo lo contrario, lo odia tanto que siente placer con el padecimiento horrible de su esposo.
La novela sienta una posición muy clara frente a la eutanasia, estableciendo que la vida es un derecho pero no un deber. Desde luego la Iglesia Católica siempre se ha opuesto a la eutanasia argumentando que la vida solo Dios la da y por lo tanto sólo él la quita, sin embargo el asunto es, ¿por qué Dios ha de sentirse feliz con el sufrimiento de aquel que debe padecer una muerte agónica? Este y otro ejemplos que menciona la novela, como la pederastia al interior de la iglesia y la manera como ésta la encubre, demuestra que dicha institución, pese a predicar el amor, la compasión y el perdón de los pecados, en realidad practica el odio, el resentimiento y el sufrimiento de los hombres.
El amor es el tema central de esta novela, un amor que, como dice el autor, es eterno mientras dure, pues es un amor prohibido y además limitado por la muerte, sin embargo que ha podido superarla, porque la muerte que Zhara le proporciona a su amado Alejandro, es una muerte piadosa y amorosa. Pero ¿es posible amar a una persona y al mismo tiempo ayudarla a morir? Una película española llamada Mar adentro, protagonizada por Javier Bardem, plantea el tema de la eutanasia en el caso de un hombre que ha quedado cuadripléjico veinte años atrás. En un momento en que Ramón Sanpedro, el protagonista de la película, habla con su novia le dice: "la persona que me ame ha de ser aquella que me ayude a morir". La vida es algo muy hermoso, no hay duda, y nadie quisiera morir ni que mueran sus seres queridos, así que cuando un hombre, con sus cinco sentidos puestos y después de haber meditado por mucho tiempo que no quiere pasar los últimos días de su vida como un vegetal o una molestia para sus seres queridos, decide que quiere morir, es porque la vida, su vida en sí ya no tiene sentido.
La novela termina con un gran interrogante, ¿después de la muerte quedará un resto de nosotros o todo desaparece para siempre? Las personas no mueren eternamente, siempre y cuando haya quienes las recuerden. De igual modo algunas personas, pese a que no han muerto físicamente ya se encuentran muertas en el olvido, muertas en vida. Por otra parte, morir no es el final es sólo parte del camino, al fin y al cabo todos hemos de morir, o como lo expresa sabia y poéticamente el autor: "así como todos los ríos son el mismo mar, todas las vidas son la misma muerte".
Jhon Fredy Suárez Solano
Profesor de Filosofía
Liceo Señor de los Milagros- Girón


Edmundo Díaz C dijo
Para
JOHN FREDY
He leído su comentario sobre TODOS LOS RÍOS SON EL MISMO MAR del gran escritor FERNANDO SOTO A. Por varias razones las ideas expuestas por usted me llegan, no sólo porque he sido lector de muchas de las obras de este autor, sino también por la temática de la Eutanasia y el amor, muy bien trabajado por él en sus novelas, entre ellas HERMANO HOMBRE que siempre releo con agrado. A la fecha no he podido comprar el libro ya que vivo en una región bastante distante en donde haya pocas librerías, pero en cuanto viaje a Bogotá, me estaré haciendo a él.
Éxitos en su trabajo docente. Yo también, por 23 años dicté filosofía, pero ya colgué los guayos en esto.
Att. EDMUNDO DÍAZ C
21 Septiembre 2009 | 11:02 PM