LAS INTERMITENCIAS DE LA MUERTE- JOSÉ SARAMAGO

Todas las personas en algún momento de nuestras vidas nos hemos preguntado ¿porqué se muere la gente? es más, ¿porqué se tiene que morir la gente que queremos? La muerte nos ha acompañado desde que existe la vida, no obstante, todavía no termina de enamorarnos para que nos vayamos con ella, para que muramos con ella, pero en la novela de José Saramago, las intermitencias de la muerte, es ella misma quien resulta enamorándose del hombre. La muerte que es como una diosa arbitraria y cruel, que llega cuando menos la esperamos y en ocasiones se hace la desentendida cuando anhelamos su llegada, un día decide no volver a matar. ¿Por qué habrá tomado la decisión de parar su macabro trabajo? El hombre (sería más exacto y menos sexista decir la humanidad), es tan fascinante, que hasta la muerte ha llegado a enamorarse. Cada ser humano es tan frágil, tan finito, lleno de defectos y virtudes, que parecería imposible que la muerte contemple la posibilidad de detenerse, pero la humanidad como un todo es fuerte, infinita, fascinante y desde luego, llena de errores y virtudes.
Una vez más, esta novela de José Saramago nos revela su estilo de escritura, que más que un estilo literario es una forma de ver la vida, convertir en literaria los problemas filosóficos de nuestra época, temas propios de sociedades modernas, golpeadas por una crisis de legitimidad en las instituciones, en las que aparecen personajes comunes y corrientes que plantean problemas profundos. A la ceguera temporal de una ciudad que se ve atacada por una epidemia que se transmite con el contacto, o a la lucidez de una comunidad que decide votar en blanco para dar a entender a los políticos que no necesita de ellos, ahora se suma otro nuevo interrogante. ¿Qué pasaría si un día la gente dejara de morir? Este es el tema central de las intermitencias de la muerte. Otro tema recurrente en Saramago es la crítica a la burocracia estatal y a la manera tan inhumana y negligente como resuelve los problemas de las personas, y hace un llamado a los ciudadanos del mundo moderno, para que superen esa dicotomía entre una fe ciega en las instituciones democráticas burguesas que los paraliza para la acción, así como ese pesimismo ciego y desesperanzador que los desmoraliza y tampoco les permite actuar. Con mucha razón Saramago nos recuerda que los dos fenómenos no son más que las dos puntas de la misma cuerda, los que les dan gracias a sus líderes por todo lo que tienen y los que maldicen porque no les han dado la oportunidad de tener, tienen algo en común: no creen en ellos mismos y en su poder transformador.
El ser humano desde que es humano, siempre ha soñado con la vida eterna, o lo que es lo mismo, con frenar a la parca, a la muerte, esa que es representada siempre como la calavera cubierta con una sábana y ondeando una siniestra guadaña. Pero ¿sería deseable conseguir de verdad la vida eterna? La vida eterna no es una buena noticia para todos por igual, para las iglesias, las funerarias, el Estado y la mafia, acostumbrados a traficar con la muerte y a enriquecerse a costa suya, es la peor de las noticias posibles. Sin muerte no hay resurrección, nos recuerda Saramago y por lo tanto no hay iglesia, sin muerte tampoco hay trabajo para los sepultureros y no hay ganancias para las aseguradoras que deben pagar las pensiones de los jubilados por toda una eternidad.
Pero la vida eterna no siempre significa estar presente en cuerpo y alma. Es posible que la idea de la inmortalidad del alma haya surgido cuando las personas que perdían a un ser querido, se daban cuenta que el recuerdo de esa persona, así como sus obras, no desaparecían cuando se le introducía al cadáver en la fosa. El cuerpo muere pero permanece su recuerdo, ese sí trasciende y no muere a pesar de que pasen los años y en casos especiales, hasta los siglos. Yo creo en esa inmortalidad, en la de Jesús y en la de Sócrates, en la de da Vinci o la de Bach y tantos otros, pues aunque sus cuerpos hace muchos años se han vuelto polvo, su obra se ha hecho inmortal, no porque hayan resucitado de entre los muertos, sino porque siguen inspirando y dando vida a las personas, a pesar de que algunos de ellos como Jesús, hayan sido mitificados para convertirlos en instrumentos al servicio de intereses mezquinos, de los cuales son totalmente inocentes. Los muertos viven mientras los vivos así lo queramos, dice Jorge Vallejo Morillo, pero la verdad es que también hay quienes aunque respiran, comen, defecan, y cumplen en general el dictamen médico de estar vivos, ya están muertos en vida. Parafraseando la canción de Ricardo Arjona, vivir no es estar vivo, pero morir tampoco es estar completamente muerto.
La muerte se relaciona con el tiempo, o mejor, con la ausencia de él. Congelado en el tiempo es otra manera de decir que se está muerto. Por eso la monotonía, esa triste realidad de vivir todos los días exactamente iguales, es lo más cercano a la muerte, es morir en vida. Lo paradójico es que aunque es necesaria en el proceso de la vida, la muerte resulta trágica cuando llega antes o después de tiempo.
En conclusión, la muerte no es la misma para todos, pese a que es la norma y no la excepción. La muerte de un ser humano en particular, no es la de la humanidad, que sigue viviendo a pesar de sus muertos y en gran medida, alimentada por ellos. Los muertos para la humanidad son su gran capital, un capital muy valioso del cual obtiene en el presente grandes dividendos. Por eso es un error separar de forma radical a los vivos de los muertos, pues todos juntos son parte de la humanidad. Sólo la desaparición de la humanidad en su totalidad, significaría La Muerte, esa sí con mayúscula, de la especie como tal.
Jhon Fredy Suárez Solano

Viviana Estupiñan. dijo
En mi opinión si la gente dejara de morir pasarían varias cosas: todos podrían estar felices de tener a las personas cerca sin vivir con el miedo de perderlas en cualquier momento, ó las personas se alejarían pues sabrían que podrían reunirse en un momento u otro pues siempre van a estar ahí, pero también la vida se volvería conformista, nuestro mundo seria siempre el mismo, rodeado de las mismas personas de siempre, una vida que va a decaer hasta que el hombre y la humanidad deseen morir porque es importante saber que si las muertes cesan los nacimientos no y al final no podríamos ni respirar estaríamos sofocados y encerrados en el mismo mundo de siempre. Por otra parte morir es parte de vivir naces para vivir y al final resultas por descubrir que vives para morir lo cual es realmente contradictorio mucha gente se pregunta para que vive si tiene que morir pero quizá nacer y morir sean la misma cosa, vienes te vas y vuelve hasta el fin de los días de toda la humanidad. Ciertamente la muerte es la causa de que la gente llore, sufra, se rinda y para muchos el negocio de sus vidas, pero cuando ellos mueran serán el negocio de otros. Quizá muchos en este mismo momento quieren morir y no saber más de problemas, personas, vida, pero cuando realmente se enfrentan al hecho de morir se dan cuenta que no tuvieron tiempo para vivir. No es la muerte, es la vida, la vida tiene final y ese final tiene nombre, podría ser un final feliz si la gente fuera lo bastante lista para aprender a vivir, pero suele ser triste porque aún no aprendemos a vivir para que nuestra obra y vida se preserve y terminemos nuestra vida con una muerte feliz. El miedo a morir lo produce el saber que no vamos a volver a ver, sentir, oler, compartir todas aquellas cosas que nos hicieron felices en vida, y nos aterra aún más que morir, ver morir a las personas que más amamos, preferimos morir antes que ellos para no verlos marcharse sin nosotros pero esa es la vida. Los buenos recuerdos de las personas que mueren logran la mayoría de las veces llenar los vacios y espacios que estas dejan en nuestros corazones, porque mientras tengamos memoria las personas van a vivir y ser recordadas con mucho amor y cariño. En fin el nacimiento, la vida y la muerte son el ciclo de la humanidad y aunque es corto o largo dependiendo de nuestras acciones, logros y hechos realizados se cumple sin excepción. Po último solo tengo una pregunta que no puedo responder pero que me inquieta… ¿Qué tal si la vida solo fuera un sueño y la muerte el camino para despertar y vivir en realidad? Profesor su escrito me pareció bastante interesante y me gustó la temática los anteriores párrafos resumen lo que creo y pienso respecto al tema.
30 Octubre 2011 | 11:24 PM