LA DECADENCIA DE LA PORNOGRAFÍA

Está claro que los sitios más visitados en internet son aquellos de contenido pornográfico, lo cual es visto por muchos como una prueba de la decadencia de nuestra cultura. Pero la situación es más grave de lo que pensamos, una prueba más contundente todavía de nuestra crisis cultural podría ser que la pornografía misma ha decaído progresivamente.
Una de las primeras y más famosas revistas pornográficas de que tenga memoria, es la denominada revista “Sueca”, la cual estaba estructurada de tal modo que se repartía más o menos por partes iguales, entre textos e imágenes. Desde luego que los textos eran sólo de relleno porque lo más importante era lo que se veía en las láminas y la letra sólo cumplía el papel de justificar cada número editorial. No sé si quienes adquirían este material leerían también las historias que allí estaban escritas o si fui el único imbécil que tenía esa estúpida costumbre, pero en la mayoría de los casos los textos le daban más sentido a las imágenes allí expuestas.
Lo propio sucedía también con las películas. La marca Private, una de las productoras de películas porno más famosas de aquellos años, se preocupaba al menos por hacer películas, es decir, incluían historias que acompañaran y dieran sentido al acto sexual humano. Las escenas pornográficas propiamente dichas, no iban desde el principio, sino que aparecían en la medida en que el romance se desarrollaba a través de la trama. Había, si se quiere, un preámbulo al coito. Pero hoy en día, casi el noventa y nueve por ciento de la pornografía que circula, comienza directamente con el acto sexual.
De manera progresiva los editores de pornografía se han ido deshaciendo de los textos escritos y de los diálogos para privilegiar las imágenes, hasta tal punto que en la actualidad el lenguaje verbal del cine porno tiende a desaparecer así como la fotografía, dejando sólo lo audio-visual, más visual que audio por supuesto, pues no sé hasta qué punto un ¡Ah, ah, ah! y otros sonidos guturales, por lo general acompañados de unas cuantas palabras obscenas, puedan ser considerados lenguaje auditivo propiamente dicho.
La pornografía que se comercializa en la actualidad comienza directamente con el acto sexual, lo cual nos da la errónea convicción de que sólo es importante el acto y no las circunstancias que lo hacen posible ¿Acaso no es importante el preámbulo? ¿No es fundamental lo que pase después del acto sexual? El coito es parte de la relación de pareja no un fin en sí mismo, es un complemento al amor sexual, no su única razón de ser. Esa descontextualización de la relación sexual puede ser peligrosa, pues refuerza esa idea propia de las sociedades patriarcales y machistas, de que una mujer (o un hombre), sólo son un objeto sexual, al cual se le puede y se le debe utilizar para satisfacer un apetito y luego hay que desecharlo.
El erotismo ha acompañado nuestra cultura desde que ella existe y la pornografía desde que existen los medios tecnológicos que la hacen posible (la fotografía y el video). Lamentablemente, la inmensa mayoría de la pornografía que produce nuestra sociedad, va dirigida al público masculino, lo cual hace que en ella se reproduzcan todos los estereotipos machistas que vemos habitualmente. En ella las mujeres son sumisas a los deseos del hombre, ellas simplemente se sienten y se deben sentir felices si el macho está satisfecho sexualmente y el resultado de todo esto es que hay una gran brecha entre lo que se presenta en el cine porno y lo que realmente ocurre en una relación sexual placentera.
Si tenemos en cuenta que la pornografía ha sido la compañera fiel de los hombres de nuestra sociedad, ésta tendencia machista asociada a la desaparición del lenguaje verbal, no sólo perjudica a las mujeres, también a los hombres, pues nos va convirtiendo en seres con una sexualidad más simple y descontextualizada. No me interesa satanizar a la pornografía ni estoy calificado para hacerlo. Tal vez habría que hacer una investigación muy seria de carácter antropológico, sociológico, psicológico o filosófico, para analizar el impacto de la pornografía en la actividad sexual humana. Lo que lamento profundamente es que esté desapareciendo el lenguaje erótico que en sus inicios acompañó a la pornografía, lo visual ha sustituido a la palabra y esto tiende a empobrecer nuestra mirada sobre la sexualidad. Atrás ha quedado el erotismo del Marqués de Sade, de la Serie Rosa y de otros que han intentado conciliar el espíritu con la carne, lo sexual y lo sensual, lo erótico y lo pornográfico. Habría que preguntarles a las mujeres, si somos los varones en la actualidad en términos sexuales, tan eficientes como nos han enseñado a creer que somos, o nos estaremos volviendo más simples de lo que fueron nuestros padres o al menos la generación que nos precedió. Creo humildemente que la respuesta a esta pregunta no pasa tanto por el Viagra sino por el erotismo.
JHON FREDY SUÁREZ SOLANO
27 de febrero de 2011
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Marlon Andrés Rueda dijo
La verdad querido amigo, es que la pornografía ha ido decayendo de forma mancomunada con la sociedad. Aquellos que crecimos antes de la revolución del internet, sabemos que el acceso a la pornografía era muy limitado, e incluso prohibido. Hoy en que el internet provee un caudal de información tan grande, y en el que la revolución de la imágen permite que todos tengamos en un dispositivo móvil una cámara de video, nos expone a todos, si se quiere (o no) a ser estrellas porno amateur. La verdad, la pornografía es y seguirá siendo la primera educación sexual del hombre, sin embargo está claro que cada vez es más dañina, más accesible y por ende, más sucia.
28 Febrero 2011 | 08:37 PM