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FILOSOFÍA PARA EL OCIO

En este espacio nos encontraremos en los ratos de ocio para compartir ideas sobre diversos temas: desde lo real y lo ficticio, pasando por la vida y la muerte, el amor y el desamor, la belleza y la fealdad, el fútbol y la literatura, en otras palabras, p

27 Junio 2011

¿PORQUÉ PROHIBIR LAS MANIFESTACIONES AMOROSAS DE LOS ESTUDIANTES EN LOS COLEGIOS?


En los manuales de convivencia de algunos colegios del país, figura todavía la prohibición de las manifestaciones amorosas entre los estudiantes. De un tiempo a esta parte los adolescentes son cada vez más exagerados en sus expresiones de amor, hasta el punto que es común ver a las jóvenes parejas amándose públicamente, casi de la misma manera que lo harían en la intimidad. Los maestros nos quejamos de que los estudiantes aprovechan nuestro descuido para entregarse a los besos, las caricias y todo tipo de conductas que están mal vistas en una institución educativa y que van contra la moral y las buenas costumbres; es una guerra constante entre venados y cazadores. Sin embargo, me sorprende sobremanera que en un país cuyos principales problemas sociales son la violencia y agresividad de unos contra otros, los asesinatos, los actos de crueldad y sevicia, se identifique al amor en los colegios como uno de los graves problemas a solucionar.

Algunos dirían que estoy planteando mal el asunto, que en realidad de lo que se trata es de prevenir un problema mayor: los embarazos no deseados en adolecentes, así como las enfermedades de transmisión sexual. De acuerdo, pero quiero recordarles que la preocupación por los embarazos en adolecentes es bastante reciente y antiguamente no se veía como un problema grave. Nuestras abuelas y bisabuelas comenzaron a tener hijos antes de tener cédula (bueno, las que tuvieron la oportunidad de tenerla). Hace cincuenta años el promedio de edad para tener el primer hijo en las mujeres era los catorce años, eso sí, tenían que estar debidamente casadas por la iglesia católica. Si hoy en día nos preocupan los embarazos no deseados en adolecentes, es porque pensamos que parir hijos no es el único propósito de las mujeres, sino estudiar, ser profesionales y desempeñarse laboralmente en otros ámbitos, ganando cada vez mayor equidad frente a los hombres y si deciden ser madres, que lo hagan cuando tengan la suficiente madurez, independencia y formación necesarias para educar a sus hijos. Una adolecente que se embaraza durante su época de colegio, se está poniendo a sí misma en condición de desventaja.

Este es un problema muy serio y en ese sentido estamos todos de acuerdo. Pero si esa es la genuina preocupación, sería más efectiva la información oportuna y científica a través de una verdadera educación para la sexualidad y construcción de ciudadanía. Seamos honestos, el aumento de los embarazos en adolecentes se debe más a la ignorancia de los jóvenes sobre el funcionamiento de su sexualidad y no tanto a sus manifestaciones amorosas en el colegio. El asunto no se resuelve prohibiéndoles sus manifestaciones amorosas, sino educándolos en el uso responsable y adecuado de su libertad y autonomía, lo cual implica entre otras cosas hacerlos conscientes que seguramente el aula de clase no es el espacio más adecuado para entregarse plenamente a dichas manifestaciones, del mismo modo que la discoteca no es el lugar más cómodo para reunirse uno con los amigos a hacer las tareas.

Un aspecto que sí es muy importante es educarlos en el respeto por el otro o por la otra y no permitir el abuso de ningún tipo, especialmente el maltrato de género. Más que manifestaciones amorosas, lo que sucede con frecuencia es que algunos machos alfa de la manada, se sienten ofendidos si las niñas no se dejan besar y manosear por ellos. Es el acoso sexual y no las manifestaciones amorosas, lo que habría que reprimir con toda dureza ¿Quién puede ver una manifestación amorosa en esa clase de abuso? ¿Acaso es posible pensar que una violación es otra forma de hacer el amor?

En vez de prohibir las manifestaciones amorosas de los jóvenes en los colegios, hay que educarlos para el amor, enseñarles que el ser amado es un sujeto o sujeta de derechos y no un simple objeto de nuestros deseos y pasiones, susceptible de ser poseído[1]. Es necesario que replanteemos nuestras ideas sobre el amor, que le quitemos a esta palabra tan maravillosa, toda su carga de egoísmo, machismo y celos enfermizos que la ha venido desfigurando, entre otras cosas, el exceso de telenovelas. Los crímenes pasionales en los que casi siempre un hombre mata a una mujer por celos o despecho, no son producto del amor. Aquel o aquella que por egoísmo es capaz de quitarle la vida a quien dice amar para que no sea feliz con nadie más (“si no es mía que no sea de nadie”), no tiene nada que ver con el amante que es capaz de entregar la vida por su amada o amado.

Las prohibiciones y represiones morales son un arma de doble filo y en muchas ocasiones pueden tener consecuencias contrarias a las esperadas. La “guerra contra las drogas” por ejemplo, ha traído como consecuencia la creación de grandes carteles criminales que han ocasionado muerte y destrucción. Un problema que bien podría tratarse como asunto de salud pública, que es el consumo de sustancias psicoactivas, se nos ha convertido en un problema político, militar y social de carácter mundial, cuyas peores consecuencias no son precisamente la adicción a las drogas.

Nada incita más a los adolecentes que transgredir las prohibiciones de los adultos, en especial aquellas que simplemente se las imponemos y no les damos alguna explicación racional de porqué lo hacemos. A veces me parece un poco sospechoso que nos moleste tanto todo lo que hacen los adolecentes, que si se paran los pelos, que si se los pintan, que si se abrazan, si se besan, pareciera que todo lo que provenga de ellos es necesariamente malo. En la mayoría de los casos lo que les estamos prohibiendo es precisamente lo que los hace ser adolecentes.

No estoy diciendo que todo lo que ellos inventen, por el solo hecho de ser adolecentes debe permitirse, pues al fin y al cabo no podemos descargarnos de nuestro papel de orientarlos en aguas turbulentas y desde luego, algunas de las cosas que procuramos impedirles, es para evitarles un mal mayor. Pero una vez más estamos perdiendo esta batalla porque no identificamos correctamente al enemigo. Con respecto a las modas actuales por ejemplo, creo que estamos confundiendo el blanco, nuestros niños y adolecentes son hoy en día bombardeados por la sociedad de consumo a través de los medios de comunicación, de una manera tan brutal que las generaciones anteriores jamás pudieron siquiera imaginarlo y nosotros queremos también atacarlos a ellos por ser víctimas del consumismo. El blanco de tal batalla, si es que queremos darla es la sociedad de consumo y no sus víctimas: los adolecentes. Pero en el caso que estamos analizando habría que demostrar primero ¿Qué consecuencias negativas tienen esas manifestaciones amorosas, tanto en ellos como en la institución educativa, para que merezca la pena ser reprimidas con tanta fuerza? ¿Acaso les impiden a los estudiantes aprender?

Quizá el principal argumento en contra de ellas, no provenga de la parte académica ni sea un asunto de salud pública sino de la parte moral, pues para algunos, estas prácticas van en contra de las buenas costumbres. Pero yo pienso que una moral que pone las manifestaciones amorosas entre adolecentes como algo malo y perverso, le está dando un mensaje equivocado a la juventud, pues cómo se explica que les hayamos enseñado desde niños el amor como un sentimiento positivo y humano pero ahora en la adolescencia decidamos que se ha vuelto malo si lo practican con sus compañeros.

Desde luego que en los colegios debe haber reglas claras y normas que regulen la convivencia, pero siempre en el marco del respeto a la autonomía, a la libertad de conciencia y al libre desarrollo de la personalidad. Más que prohibir las manifestaciones amorosas entre estudiantes, hay que prohibir las manifestaciones de violencia y agresividad para con los demás y el abuso, si es que se presenta. ¿A caso no es mejor un beso que un puñetazo? ¿No es preferible un abrazo que un empujón?

 

BIBLIOGRAFÍA

· PAZ, Octavio. La llama doble-amor y erotismo. Editorial Seix Barral Biblioteca Breve. Barcelona 1993. Pagina 213


[1] No se porqué a los enamorados les parece romántico decirse mutuamente “yo soy tuyo, tu eres mía”, como si se tratara de una relación esclavista en la cual uno es dueño de alguien y ese alguien es propietario de uno. El amor, cuando es verdadero, no puede surgir de una relación de dependencia, sino de un acto de absoluta libertad.

Tags: mis, escritos

servido por Jhon Fredy 1 comentario compártelo

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jorge jadir castillo valderrama (P.F.C II semestre)

jorge jadir castillo valderrama (P.F.C II semestre) dijo

Primero que todo, me parece un tema, bastante interesante y que tiene gran importancia en la actualidad, estoy de acuerdo, con su punto de vista, ya que,la solución a este problema, no es la prohibición sino, un orienta-miento de como se deben tratarse estas relaciones y este tipo de cosas, por que si les prohíbe, estas cosas, estamos pecando a la libre expresión y a la autonomía de los jóvenes lo cual es lo que los identifica, aunque los maestros y los adultos, lo vean de otro modo.

4 Abril 2012 | 06:07 PM

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Girón, Colombia
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Soy Jhon Fredy Suárez Solano, profesor de Ciencias Sociales y Filosofía de la Escuela Normal Superior de Charalá. Me gradue como filósofo de la Universidad Industrial de Santander (UIS) en el año 2.006. En Octubre de 2009 publiqué mi primer libro "Para no perder la memoria" con la editorial SIC de Bucaramanga. Desde el año 2008 pertenezco a la Red Nacional de Talleristas de Escritura Creativa (RELATA) del Instituto Municipal de Cultura de la ciudad de Bucaramanga. Mi cuento "La metamorfosis de Medusa" fue publicado en la Antología Relata 2011" con la editorial Tragaluz de Medellín.

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