REDES SOCIALES Y DISTURBIOS ANTI-SOCIALES: ¿QUÉ TIENEN EN COMÚN?

Inglaterra tiene una venerable historia de revueltas y revoluciones, es la cuna de la Revolución Industrial y la sede de la Primera Internacional Comunista de Marx y Engels; en las últimas décadas este país ha sido uno de los abanderados del modelo neoliberal de la señora Thatcher y hace poco fue uno de los epicentros de las revueltas que últimamente sacuden al mundo “civilizado”. Protestas ha habido siempre, pero ¿Qué tienen en común las oleadas de movimientos sociales que desde hace un año vienen sucediendo, desde los países árabes y pasando por los indignados de España, Grecia y ahora Inglaterra? ¿Qué es lo distinto en estos últimos levantamientos populares que no se había visto antes? Desde luego que muchas cosas, pero al menos una llama la atención: La utilización del internet y las redes sociales como armas de lucha contra el sistema.
Cuando la internet se masificó y se hizo tan popular en la última década, surgieron desde todas las esquinas del espectro los augurios más oscuros que apuntaban a que este nuevo invento sería el verdadero opio del pueblo, que adormecería las conciencias humanas, especialmente las de las nuevas generaciones más dadas al esnobismo que a la crítica. Hoy nos estamos dando cuenta que también puede ser un instrumento que les permite a los sectores sociales que han sido marginados de las “mieles de la globalización”, transformar su frustración personal, en una nueva trinchera desde donde sumarse a la lucha.
Como los líderes del capitalismo mundial no pueden auto culparse por estas protestas ni van a sentirse responsables por el descontento social, ahora se van lanza en ristre contra el “mal uso” – dicen ellos - de uno de sus mágicos inventos, la internet y las nuevas tecnologías; hasta el punto que algunos líderes de las grandes potencias mundiales, hacen llamados a limitar el uso de las redes sociales, especialmente cuando estas se convierten en un medio de organización social de la protesta en su contra. En Inglaterra, luego de las fuertes protestas que sacudieron algunas de las principales ciudades del país, la policía y el gobierno estudian la posibilidad de limitar el uso de las redes sociales en los momentos en que se presuma que un nuevo disturbio está por ocurrir. Desde luego esta posición ha encontrado resistencia entre los defensores de las libertades civiles, que la consideran un acto claro de censura, una evidente violación a la libertad de expresión y que a la larga restringe también la libertad de prensa, pues limita la información disponible en esos momentos.

Desde que este fenómeno empezó a tomar fuerza, los gobernantes del mundo entero están buscando la manera de controlar el uso de redes sociales como Twitter, Messenger y Facebook entre otras, pues argumentan que así podrán prevenir nuevos disturbios. [1] Algunos han llegado más lejos y se han atrevido a tildar como “terroristas virtuales” a los grupos de resistencia tipo Anonimus, que han saboteado las páginas de las instituciones de algunos centros de poder, como una manera de protestar contra los verdaderos arquitectos del desastre.
Desde luego que no es posible hacer una defensa a ultranza de este tipo de disturbios, pues en la mayoría de los casos, los manifestantes lo que están haciendo es descargar su ira contra todo lo que se pone a su paso, sin importar qué relación guarde con los verdaderos culpables, los centros del poder económico y político mundial. Muchas de las víctimas son inocentes que simplemente murieron por encontrarse en el lugar equivocado. Esto no se justifica, pero se explica en parte porque a diferencia de las revoluciones que se dieron a lo largo del siglo XX, fueran de carácter nacionalista, socialista o comunista, entre otras, en las cuáles estaba clara la dirección política de un partido o un grupo sólido de líderes que dirigían a las masas revolucionarias, los disturbios de hoy son una fuerza heterogénea, multiforme y espontánea, no tienen un claro carácter político ni una dirección más o menos visible, pero es evidente que surge en medio de un contexto social, político y cultural que se caracteriza por la incertidumbre y el inconformismo, especialmente ahora que se ve en el horizonte la punta del iceberg de una nueva crisis económica monumental del sistema capitalista mundial[2]. No se parece a la fuerza de un río que puede ser canalizada hacia un destino previsible, sino más bien a la lava que brota de un volcán en erupción y arrasa lo que encuentra por el camino.
Pocos llegaron a imaginar que internet no sólo era la “Mátrix” que nos tenía atrapados en un mundo virtual de ficciones y fantasmas, sino que también podría llegar a convertirse en un instrumento de resistencia en la época de la revolución de las tecnologías. Hoy, en este mundo tan globalizado cada vez es más fácil conectar las luchas sociales de los pueblos en el mundo entero, de manera que cada revuelta puede convertirse en la mecha que encienda el polvorín de la aldea global y tiene el potencial de extenderse como un virus informático que no respeta fronteras.
Paradójicamente, cuando las redes sociales son utilizadas por los jóvenes para ser absorbidos por la banalidad hasta el punto de que algunos han generado una fuerte adicción que los inhabilita para tener una vida social positiva, el sistema no se preocupa por ellos, es más, depende de que se mantengan ahí dormidos en el mundo virtual, siempre que sean marionetas dóciles del mercado y del consumismo; pero cuando la gente utiliza estos medios no sólo para manifestar su ira e indignación sino para organizar la resistencia, entonces descubren de pronto que estas redes son “negativas”, “peligrosas” y que es mejor limitar su uso. Creo que ahora que los grandes jefes del mundo están asustados por la utilización “incorrecta” de estas redes sociales, es cuando por fin hemos descubierto su verdadero uso. Gracias una vez más, Gran Hermano, por mostrarnos el camino a seguir.
JHON FREDY SUÁREZ SOLANO
Docente de Filosofía y Ciencias Sociales
Escuela Normal Superior de Charalá
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islena rodriguez dijo
Creo que las redes sociales han tomado una fuerza social, política y de varia índole que permite manifestar sus opiniones, para que adquieran un poder absoluto de "prácticas políticas" que benefician la transparencia en la toma de decisiones y que une de una mejor forma a la ciudadanía para un bien común, con el poder de convencimiento.
21 Agosto 2011 | 06:18 PM