EL CASO WILDER MEDINA: UNA RADIOGRAFÍA DEL DEPORTE COLOMBIANO

Cuando se supo que un control anti-doping aplicado al futbolista colombiano Wilder Medina del Deportes Tolima, había dado positivo, muchos se rasgaron las vestiduras y lanzaron jaculatorias urgiendo para que se aplicara una sanción ejemplar al jugador, comenzando por la honorable dirigencia del fútbol colombiano. Todos se sentían defraudados porque un futbolista que debería ser un ejemplo de rectitud moral frente a la juventud, había “traicionado” ese sagrado deber de ser parte de “los buenos” en su lucha contra los malos. Por fortuna, una vez aplicada la sanción, el buen nombre del fútbol quedaba limpio, porque se había hecho “justicia”. Si bien es cierto que la marihuana no ayuda al rendimiento deportivo del jugador, sí está sancionada por la Agencia Mundial Antidopaje, no deja de sorprenderme que la jerarquía del fútbol en este país se escandalice porque un futbolista consuma marihuana, pero se ha hecho más bien la de la vista gorda cuando han entrado millones de dólares a los clubes deportivos de manos de los carteles de las drogas u otro tipo de actividades ilícitas. Está mal que los futbolistas se la fumen, pero está bien que los capos inviertan en el fútbol y que su dinero, si Dios lo permite, ayude a comprar títulos. Tanto puritanismo siempre me ha parecido muy sospechoso, sobre todo cuando se pretende buscar un chivo expiatorio para lavar un pecado mayor: el de la doble moral.
Es una vergüenza para el deporte, dijeron en coro los defensores de las buenas costumbres, que también los hay en los altos cargos de la rectora del fútbol colombiano. Les confieso que yo también siento vergüenza por el deporte, sólo que en circunstancias diferentes. Por ejemplo, me da mucha vergüenza cuando sale un deportista desconocido por todos –Incluso por COLDEPORTES- que ha ganado una importante vuelta en bicicleta en Francia, Italia o España, o cuando uno de los nuestros ha conquistado una medalla olímpica –casi siempre afrocolombiano- y en el momento en que les preguntan que cuál es su mayor sueño ahora y ellos responden: “PODER COMPRAR UNA CASA PARA MIS PADRES”. Es el colmo ¿Han llegado hasta allá y no han ganado lo suficiente para comprar una casa? En esos momentos yo bajo la cabeza y siento mucha pena por ellos. Tuvieron que llevar su carrera deportiva con sus propios esfuerzos, contra viento y marea, trabajando en lo que salga para llevar el pan a la casa y en sus “tiempos libres” y sin ninguna clase de apoyo de parte del Estado ni de la empresa privada, dedicándose de cuerpo y alma a su deporte, pero cuando ganan algo importante, el presidente del país, el director de COLDEPORTES y los demás, sacan el pecho de orgullo porque “nuestros deportistas han ondeado nuestra bandera en lo más alto del podio”. Estamos de acuerdo, es una vergüenza para el deporte.
Muchos jóvenes deportistas colombianos, incluidos algunos futbolistas, tuvieron que afrontar las condiciones más duras de pobreza, en los barrios marginales, en medio de situaciones de pandillas, violencia y drogadicción. Según se ha dicho, este es el caso de Wilder Medina, quien antes de ser futbolista profesional, estuvo vinculado al mundo de las pandillas y de las drogas en Medellín. Sin embargo, pudo más la pasión por el fútbol y poco a poco fue saliendo de este círculo vicioso hasta convertirse en el goleador del fútbol colombiano. Cualquier trabajador o trabajadora social podría explicarles a los jerarcas del deporte que el proceso para salir de la drogadicción es muy difícil y prolongado, que no se logra de la noche a la mañana. En este caso, no sólo no se está teniendo en cuenta el enorme esfuerzo que ha hecho el jugador por dejar atrás su pasado, sino que fue el fútbol el factor clave para facilitar el proceso, y en compensación a sus logros y a su persistencia, ahora se le sanciona con un año de suspensión fuera de las canchas. Golpe duro y bajo para el jugador que lo hace más vulnerable para volver a caer.
Algunos opinan que Wilder Medina debe ser sancionado con todo rigor porque al ser una figura pública del deporte, es un mal ejemplo para la juventud de nuestro país. Bueno, el ex jugador del Junior de Barranquilla Javier Flores, mató a un hincha porque le reclamó haber perdido un importante partido y no sólo no pagó cárcel sino que lo dejaron seguir jugando fútbol. Hace poco el señor Hernán Darío Gómez, ex técnico de la selección Colombia, golpeó a una mujer en un bar ¿Estos casos no son peores ejemplos para los jóvenes? Mi opinión es contraria; pienso que Wilder Medina es un buen ejemplo de superación para aquellos jóvenes que hoy están metidos en pandillas y en el mundo de las drogas, para que vean que es posible salir, que hay otras alternativas. El problema es que la sanción del jugador da el mensaje contrario, que tal vez no importa que tanto se esfuercen estos muchachos por salir, nunca les van a perdonar su pasado.
Ojalá que mis palabras y pensamientos heréticos no vayan a ofender a la santa jerarquía del fútbol colombiano.
JHON FREDY SUÁREZ SOLANO
Octubre 9 de 2011
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